Las organizaciónes no tienen un problema de medios. Tienen un problema de cultura.
- Fernando Arévalo

- 26 may
- 4 min de lectura

Hay organizaciones que mandan un correo masivo cada vez que el director quiere decir algo. Otras que publican en el tablero de avisos una vez al mes, si acaso. Algunas que crearon un grupo de WhatsApp que nadie revisa. Y unas pocas que invirtieron en una intranet que el equipo evita porque nadie sabe bien para qué sirve.
En todos esos casos el problema no son los medios. El problema es lo que hay detrás de ellos, o más precisamente, lo que no hay: una cultura de comunicación interna.
Comunicar solo cuando es necesario no es eficiencia, es abandono
Existe una creencia extendida en muchas organizaciones, especialmente en las más pequeñas, de que la comunicación interna es algo que se activa cuando hay una crisis, un cambio importante o una decisión que no se puede postergar más. Todo lo demás se asume: el equipo sabe lo que tiene que saber, y si no sabe, pregunta.
Esa lógica tiene un costo que pocas organizaciones calculan. Un equipo que solo recibe información cuando algo falla aprende, con el tiempo, que la comunicación es sinónimo de problema. Cada mensaje del director genera ansiedad. Cada reunión convocada de urgencia activa la alerta. La información deja de ser un recurso y se convierte en una señal de alarma.
El silencio no es neutralidad. En una organización, el silencio comunica, y casi siempre comunica mal.
El otro extremo tampoco funciona
Las organizaciones que cayeron en el extremo opuesto tampoco están mejor. Correos que nadie lee porque llegan veinte al día. Grupos de WhatsApp donde se mezcla lo urgente con lo trivial. Boletines que se publican porque "hay que publicar algo" sin que nadie haya definido para qué sirven o quién los lee.
Cuando hay demasiado ruido, el equipo desarrolla un mecanismo de defensa natural: ignora. Y cuando ignora de forma sistemática, los canales formales pierden credibilidad. En ese punto, la organización puede tener todos los medios del mundo y seguir comunicando mal.

Los medios no crean cultura. La cultura usa los medios.
Aquí está el error de fondo. Muchas organizaciones piensan que implementar un medio es implementar comunicación. Instalan una intranet y esperan que el equipo empiece a compartir información. Crean un boletín y esperan que la gente se sienta más conectada. Abren un canal de Teams y esperan que la colaboración fluya sola.
Los medios son vehículos. Sin una cultura que los respalde, son vehículos vacíos.
Una cultura de comunicación interna no se decreta ni se instala. Se construye con decisiones cotidianas: qué se comunica, con qué frecuencia, con qué intención, desde qué nivel jerárquico y hacia quién. Se construye cuando los líderes comunican aunque no haya crisis. Cuando la información fluye en todos los sentidos, no solo de arriba hacia abajo. Cuando el equipo sabe que puede preguntar y va a recibir una respuesta.
El tamaño y el presupuesto no son excusas
Una de las razones por las que muchas organizaciones postergan este tema es la idea de que construir una cultura de comunicación interna requiere recursos que no tienen. Eso no es cierto.
Una ONG de cinco personas puede tener una cultura de comunicación más sólida que una multinacional de cinco mil, si entiende que lo que importa no es el canal sino la intención con la que se usa.
Hoy existen opciones para todos los tamaños y todos los presupuestos. Un tablero de avisos bien gestionado puede ser más efectivo que una intranet abandonada. Un grupo de WhatsApp con reglas claras de uso puede funcionar mejor que una plataforma de colaboración que nadie abrió después de la capacitación inicial. Una reunión semanal de quince minutos puede reemplazar veinte correos que nadie leyó.
La clave no está en elegir el medio más sofisticado. Está en elegir el medio que mejor se adapta al contexto, al equipo y a los objetivos de la organización, y en usarlo con consistencia y propósito.
Antes de elegir el medio, respondé estas preguntas
¿Por qué necesita existir este canal? ¿A quién le habla? ¿Qué información va a transportar? ¿Con qué frecuencia? ¿Cómo se va a medir si está funcionando?
Sin respuestas claras a esas preguntas, cualquier medio que implementes va a terminar siendo otro canal que el equipo ignora o que se usa para cosas para las que no fue diseñado.
La comunicación interna no es un departamento. Es una decisión.
No hace falta un equipo de comunicaciones para tener una cultura de comunicación interna. Hace falta que quienes lideran la organización entiendan que comunicar es parte del trabajo, no un extra que se hace cuando sobra tiempo.
Las organizaciones que comunican bien no lo hacen porque tienen más recursos. Lo hacen porque tomaron la decisión de que la información es un bien compartido, no un privilegio de quienes están más arriba en el organigrama.
Esa decisión no cuesta nada. Y cambia todo.




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