El pánico se transmite más rápido que un virus
- Fernando Arévalo

- hace 3 días
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Lleva décadas circulando entre nosotros. La cepa Andes fue identificada en 1995 en Argentina. La OMS registra entre 10,000 y 100,000 infecciones humanas al año en el mundo. Hay literatura científica, protocolos, investigación acumulada.
Y aun así, cuando aparecieron casos en un crucero, miles de personas lo experimentaron como si el virus hubiera caído del cielo la semana pasada.Eso no es un problema de salud pública. Es un problema de comunicación.
Lo que circuló en redes esta semana fue una clase magistral de cómo destruir la credibilidad de la información en tiempo real:
Un video de Macron anunciando cierre de escuelas "por el hantavirus". El clip era real. El contexto era del 12 de marzo de 2020, cuando habló del COVID-19. Nadie lo aclaró antes de que llegara a medio millón de personas.
Publicaciones afirmando que Pfizer ya tiene una vacuna de ARNm lista. Pfizer lo desmintió directamente. Pero el desmentido no viaja tan rápido como el bulo.
Hilos completos comparando esto con marzo de 2020. Sin datos. Sin diferenciación de cepas. Sin mención de que la transmisión entre personas es extremadamente limitada y los brotes sostenidos son excepcionales.
El Ministerio de Sanidad de España dijo algo que raramente dicen las autoridades con tanta claridad: el riesgo sanitario para la población general es extremadamente bajo, pero existe un riesgo real de desinformación en redes sociales que puede derivar en alarmismo.
No estaban preocupados por el virus. Estaban preocupados por el pánico.
El patrón siempre es el mismo.
Ocurre un evento real, con muertes reales y personas afectadas que merecen cobertura seria. Antes de que ningún especialista haya podido analizar la situación, alguien con 400,000 seguidores ya publicó un video de 60 segundos grabado en el baño de su casa.
No leyó el informe de la OMS. No consultó a un infectólogo. No diferenció entre cepas. Leyó el titular, sintió urgencia, y le dio publicar.
Eso no es informar. Es transmitir pánico con buena iluminación.
El médico que sí sabe de lo que habla, mientras tanto, está escribiendo un hilo de 1,400 palabras que van a leer 3,000 personas.
Hay algo que los comunicadores tenemos que asumir sin comodidad: el problema no es solo el algoritmo ni la plataforma. El problema también es que aprendimos a medir el éxito en alcance, y el alcance premia la intensidad emocional, no la precisión.
Comunicar salud requiere lo contrario de lo que premia el ecosistema digital: lentitud, matiz, contexto histórico, honestidad sobre la incertidumbre. Todo lo que reduce el engagement.
Entonces tenemos un mercado de información donde el comunicador irresponsable, sin querer necesariamente, tiene ventaja estructural sobre el riguroso. Eso es lo que hay que nombrar.
Tres personas murieron en ese crucero. Eso es real y merece ser tratado con seriedad.
Lo que no merecen es que sus muertes se conviertan en materia prima para contenido de pánico.
La próxima vez que un evento de salud rompa en el ciclo de noticias, la pregunta más útil que puede hacerse cualquier comunicador, tenga 200 seguidores o dos millones, es una sola:
¿Entiendo realmente lo que estoy a punto de explicar?
El virus no se transmite por pantallas. El pánico sí.



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